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La expresión como modelo alternativo de educación latinoamericana

Por: Miguel Sosa | Semana Mundial de la Educación – Odisea Educativa

El presente artículo busca reflexionar a partir de algunos autores de la sociología y la filosofía, el proceso de construcción de una posible identidad latinoamericana, en función de ser contrastada con el tipo de modelo educativo imperante, de origen occidental, por tanto occidentalizante. El cual tiende a generar y reproducir en su interior, nuevas relaciones de poder y de desigualdad. Formulándonos la pregunta en este caso de ¿Qué es lo latinoamericano? Pudiéndose identificar a las distintas formas de expresión, como una producción autónoma y autóctona, que podría acercarnos a una posible respuesta de lo anterior, al partir de la idea, de que estas formas no están condicionadas, al menos en su centro, de los valores occidentales, y que por el contrario, buscan cultivar nuevos significados y significaciones de lo propio, adheridos a la tradición como defensa de lo local.

América Latina como construcción.

La educación ha representado a lo largo de la historia uno de los grandes temas de discusión, pues viene altamente determinada y adaptada al modelo de Estado y sociedad. En nuestro tiempo de constante cambio y transformación, el modelo educativo oficial latinoamericano, pareciera no moverse al mismo ritmo; estando aún su raíz incrustada al marco institucional del que surge a mediados del siglo XIX, y que reproduce los mismos patrones coloniales de occidente.

En este sentido, el conocimiento que se crea en el seno latinoamericano, viene cargado de patentes occidentales y occidentalizantes. Por lo que una de las grandes preguntas que nos vienen, sería: ¿qué es lo latinoamericano?

Al partir de este punto, nos sumergimos en una discusión de carácter ontológico, acerca de la identidad como construcción política y cultural. Según Briceño Guerrero [1] (1994), América Latina vive inmersa en un vacío identitario, que se da por medio de la convergencia entre distintos tipos de latinoamericanos, abordando justamente estas diferenciaciones bajo un estudio del lenguaje; dividiendo a la sociedad en tres categorías por sus características culturales y raciales, las cuales él denominada como discursos:

  1. El Discurso Salvaje, agrupado por aquellos que hacen resistencia aún a los elementos coloniales y occidentales (pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes).
  2. El Discurso Mantuano, siendo la representación de quienes viven bajo la mezcla e influencia del blanco latinoamericano y el europeo, pero inconscientemente bajo un manto de esquizofrenia cultural; en vista de que estos no se sienten identificados en su totalidad por alguna de estas dos culturas, ligado históricamente a un sistema social de nobleza heredada, jerarquías y privilegios, junto con el ascenso socio económico, el blanqueamiento racial y la occidentalización cultural a través del mestizaje y la educación.
  3. Por último, el Discurso Europeo Segundo, que muestra las características del europeo colonizador junto con las ideas políticas, sociales y religiosas que trajo a América Latina. En base a esto, los conceptos claves en su discurso del siglo pasado fueron, Modernidad y Progreso, y en nuestro tiempo, Desarrollo.

Desde otra perspectiva, para Heriberto Cairo (2010), el territorio es un factor vertebral en el proceso de construcción de identidades, en vista de que la identificación requiere el establecimiento del otro en contra del que o frente al que la autoafirmación es posible y la territorialidad es sumamente útil a este proceso. De esta manera se empieza a fraguar a partir de la narrativa de autoidentificación, la idea de lo nacional, ligando al territorio otros elementos:

Junto al territorio, el pasado, es decir, la historia, y la cultura forman los tres pilares de las narrativas de identidad; pero es preciso tener en cuenta que la identidad “no se basa en ninguna forma de historia internalizada; sino que, en buena medida, tiene su origen precisamente en la especificidad de sus interacciones con el ‘exterior’”, y, en este sentido, el territorio no es más fijo y estable que los otros elementos, del mismo modo se puede inventar, reconstruir o reformular. Pp. 03.

De tal manera que la identidad pasa por la articulación de significantes que puedan retratar la diversidad en que se busca componer a la sociedad dentro de un espacio geográfico; estando entre sus resultados la idea de patria [2], para el momento independentista y el de nación para el contemporáneo. Destacando que dicha construcción se fomenta en una reedición de la historia donde los héroes fundadores son los libertadores y los mitos originarios las batallas de liberación (Cairo:05). Dejando de lado el enfoque racial y multicultural en la versión oficial, bajo la cual los nativos indígenas y los esclavos africanos terminan siendo adheridos a los significados del proyecto hegemónico, pero no son representados con rasgos propios. El pasado amerindio no encuentra generalmente acomodo en estas narrativas patrióticas y los monumentos difícilmente recuerdan a héroes negros o indígenas. Ibid. 

América Latina desde su conformación subjetiva, empieza a construir una identidad política y cultural diferenciada de España en el momento colonial, como elemento articulador de las luchas independentistas, basado en ese rechazo al yo europeo de segunda [3], donde los blancos criollos y los mantuanos, no podían acceder a la sociedad de privilegios a pesar de su acumulación económica. Tal como señala Stuart Hall (1996) citado por Cairo, las identidades se construyen dentro, y no fuera, del discurso… surgen dentro del juego de modalidades concretas de poder, de forma que son más el producto del señalamiento de la diferencia y la exclusión, que signos de una unidad idéntica naturalmente constituida.

Para Ratzel el Estado pasa a constituirse como un ente geopolítico, que es movido y motivado no solo por el territorio que controla, sino también por las personas que se sienten parte culturalmente del mismo, contribuyendo estás, en el desarrollo de la nación y en la expansión de las fronteras, el tamaño del Estado aumenta con su nivel de cultura. Según Ratzel (Pp138), la cultura aumenta las bases y medios para la cohesión de los miembros de una población y extiende continuamente el círculo de aquellos que se vinculan a través del reconocimiento de su homogeneidad.

Es este orden de ideas, los Estados no son el resultado de formaciones espontáneas, tienen antecedentes comunitarios y comerciales que crean las bases para su unificación e integración. Este proceso de intercambio y expansión transforma la vida comunitaria en conciencia nacional. Ratzel denomina esta forma de integración como mecánica, en vista de que va aglutinando territorio, poblaciones y culturas, hasta alcanzar como resultado la mezcla entre las poblaciones y su posterior crecimiento orgánico.

De tal manera que las relaciones sociales, terminan siendo atravesadas por el factor territorial, condicionando los fenómenos culturales. Lo que al situarnos en esta discusión, nos lleva a decir: que vivimos inmersos en nuevas formas de identidades, que se dan por medio de la existencia de varios tipos de latinoamericanos, sin el predominio unificador de uno sobre el resto. La de América Latina es la historia de la mutación, pues en base a esto, terminamos siendo el producto de una metamorfosis resultante de la mezcla entre distintas razas y culturas. En términos del profesor Gerónimo de Sierra (2017) es América Latina una y diversa.

El modelo educativo como transmisor de la cultura dominante.

El modelo educativo desde la perspectiva que aborda este trabajo, pasa a ser un instrumento para la reproducción de realidades, previamente articuladas por el sistema político, las cuales denomina Pierre Bourdieu (2007:86) como habitus: entendidos como un sistema de disposiciones durables y transferibles ––estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes- que integran todas las experiencias pasadas y funciona en cada momento como matriz estructurante de las percepciones, las apreciaciones y las acciones (prácticas) de los agentes. En este sentido, nos movemos bajo un proceso de asimilación de la cultura dominante, para luego adaptarnos al rol social correspondiente.

Basados en las ideas de Bourdieu, la escuela pasaría a ser un espacio que manifiesta y reproduce la violencia simbólica, pues tramite significaciones previamente articuladas como legítimas. La escuela selecciona y legitima un sistema de hábitos, y prácticas sociales impuesto por una determinada clase [4]. Lo que desde una visión foucaultiana, puede encontrar también formas de oposición a esta autoridad, en la medida que:

Se oponen a los efectos del poder vinculados con el saber, la competencia y la calificación: luchan contra los privilegios del saber. Pero también se oponen al misterio, a la deformación y a las representaciones mistificadoras impuestas a la gente. No hay nada «cientificista» en esto (es decir, ninguna creencia dogmática en el valor del conocimiento científico), pero tampoco hay un rechazo escéptico o relativista de toda verdad verificada. Lo que se cuestiona es el modo cómo circula y funciona el saber, sus relaciones con el poder. (1988). Pp.6-7.

La institución educativa está preconcebida para ser un espacio que ejerza relaciones de poder, donde el aprendizaje pasaría a ser entonces también, un instrumento de domesticación.

La actividad que asegura el aprendizaje y la adquisición de aptitudes o tipos de comportamiento se desarrolla ahí por medio de todo un conjunto de comunicaciones reguladas (lecciones, preguntas y respuestas, órdenes, exhortaciones, signos codificados de obediencia, marcas diferenciales del «valor» de cada persona y de los niveles de conocimiento) y por medio de toda una serie de procedimientos de poder (encierro, vigilancia, recompensas y castigos, la jerarquía piramidal). Pp. 13

En el sentido más práctico de la enseñanza, como fuente forjadora de capital humano. Vemos como el avance acelerado de las sociedades tecnológicas, pone en cuestión nuevas problemáticas para el modelo educativo, haciendo que este tenga dificultades en adaptarse al volumen y velocidad de los cambios. Lo que para Bauman resulta uno de sus puntos de inflexión.

Tenemos una sociedad que parece moverse en dirección contraria con el modelo educativo y que en los tiempos modernos, cuando analizamos los estudios de Paul Preciado, quien habla de la tecnología como una tercera naturaleza, nos lleva a otro escalón en la discusión, acerca de la cada vez mayor complejización de las relaciones sociales y de la cercanía que están tomando las instituciones del Estado, claras de estas complejizaciones, ejerciendo nuevas formas de control; abriéndoles las puertas al capital privado, para que invada nuevos espacios, antes reservados a la intimidad.

En este orden de ideas, Tenti Fanfani (2011), Bauman (2000;2007) y Preciado (2019), concuerdan en que la educación perdió su objetivo y se encuentra dislocada de la sociedad en la que habita, teniendo dificultades para educar y atender a las nuevas generaciones de niños y niñas; adhiriendo en el caso de Preciado, el particular de la sexualidad, donde hoy en día, estos niños también se asumen con otras identidades sexuales y de género, diferentes al que nacieron. 

Las nuevas necesidades vinculadas al ámbito laboral, están transformando las relaciones sociales y por tanto las ofertas de conocimiento. Para Bauman (2000), hay una ruptura de la historia en dos momentos: en un principio el pobre, era el que no conseguía trabajo, pues las oportunidades laborales que estaban ligadas a la posición social eran las mismas. En nuestro tiempo, los niveles de consumo y de producción, vuelcan estas características, condicionando a los sujetos que no pueden acceder a las nuevas fuentes de formación y conocimientos prácticos, a ser los nuevos pobres. Vivimos en los tiempos de los grandes movimientos, de una amplia volatilidad, gobernados por la modernidad líquida, toda la sabiduría y todo el conocimiento de cómo hacer algo sólo puede envejecer rápidamente y agotar súbitamente la ventaja que alguna vez ofreció. De ahí que hoy se presenten como preceptos de la efectividad y la productividad «la negativa a aceptar el conocimiento establecido». Bauman (2007:35).  

En palabras de Tedesco (2004:19); en la medida en que la información y el conocimiento constituyen cada vez más las variables claves de la distribución del poder, el control de su producción y de su distribución, se convierten en el ámbito donde se desarrollan.  Mostrando cómo esta necesidad, transforma a la educación en una fábrica para la capacitación masiva de cualidades específicas, adaptadas a las nuevas vacantes laborales. Por ende, el tiempo termina condicionando la efectividad del conocimiento y su masificación aumenta el número de exigencias para el ingreso al ámbito laboral, creando una necesidad constante de profesionalización. En el plano económico, el nivel educativo, termina restringido por las capacidades adquisitivas individuales, aumentando las desigualdades sociales, bajo un mercado del trabajo que requiere de conocimientos en constante actualización.

La expresión como modelo defensivo.

No podemos cometer el error de tratar de mirar a América Latina con los mismos anteojos, pues tal y como lo señalamos al principio, está contiene sobre sí realidades muy diversas y en constante movimiento. Aunque dentro de su sistema educativo, como un elemento lineal, termina reproduciendo los mismos patrones de dominación en las relaciones de poder, y consolida la estratificación de las desigualdades, asignando roles y representaciones.

Es bajo este escenario que entran las distintas formas de expresiones artísticas y culturales, como rupturistas de lo impuesto. El arte no se ata a los mismos valores y principios de la escuela, por su condición es liberadora, su nacimiento surge del interior de cada individuo, es irrespetuosa del orden, está descodificada de occidente, pero tampoco pertenece a América Latina como totalidad. Es fruto de lo local, su construcción contiene raíces nativas y transmite nuevas significaciones.

En este punto la discusión nos lleva a retomar nuevamente la pregunta inicial, ¿qué es lo latinoamericano? ¿podemos hablar de una expresión de lo latinoamericano?

Partiendo de la premisa de que existe América Latina como construcción, notamos que es también bajo sus expresiones culturales, que surgen y se revelan mutaciones identitarias, que adhieren de su entorno realidades propias y extranjeras, que terminan produciendo identidades emergentes, haciendo de sus resultados una representación de lo latinoamericano, que se fragua al calor de las disputas entre la tradición, el folklore y lo colonial.

Este proceso de instalación de lo emergente, requiere también de instituciones educativas adaptadas a sus principios y singularidades, donde la educación sustituya su papel de condicionador por el de estimulador. En palabras de Deligny citado por Chendo (2020), se estaría produciendo el surgimiento de la educación impolítica; la cual no se enfoca en: una pedagogía, un modelo educativo y en una política educativa, específicas. Sino que por el contrario, no busca hacer de los sujetos, actores sujetados a patrones de control, es decir, hacer de los sujetos una muestra de la cultura dominante.

Teniendo por otro lado, las micro-revoluciones que se dan a lo interno de los espacios educativos, en el cual el profesor pasa a ser una figura militante, que va a cumplir su rol, como educador rizomático en el aula de clases, en términos de Deleuze (1993), tomado por Gallo (2002). Quien habla del profesor militante, como consciente de estas realidades, buscando la realización de acciones desde lo colectivo y generando relaciones de empatía con los alumnos, los cuales pasarían a ser considerados como actores protagónicos de su educación.

En base a este último punto, conviene volver a Foucault (1988), quien habla de la elevación del sujeto por encima de las instituciones del Estado, lo que implica en este caso, una reorientación de los patrones de convivencia sujeto-Estado, más no necesariamente una disolución de su estructura. 

Podría decirse, como conclusión, que el problema político, ético, social y filosófico de nuestros días no consiste en tratar de liberar al individuo del Estado, y de las instituciones del Estado, sino liberarnos del Estado y del tipo de individualización vinculada con él. Debemos fomentar nuevas formas de subjetividad mediante el rechazo del tipo de individualidad que se nos ha impuesto durante varios siglos. Pp. 11.

A modo de cierre, resulta preciso generar las condiciones orgánicas que puedan estimular desde la educación, la consecución de más formas de expresiones artísticas y culturales, que recreen y asuman una convergencia de lo propio, como un modelo educativo de la resistencia, adaptado a los tiempos recientes de expansión y movimiento.

Miguel Sosa es estudiante de la Maestría Bimodal en Estudios Contemporáneos de América Latina, realizada en conjunto por la Universidad de la República y la Universidad Complutense de Madrid.

IG: @miguelsosa20

NOTAS

[1].Véase J. M. Briceño Guerrero (1994). El Laberinto de los Tres Minotauros. Colección de Estudios. Caracas: Monte Ávila Latinoamericana.

[2]. Para Ronald Anrup y Vicente Oieni. (1999). Ciudadanía y Nación en el Proceso de Emancipación. En relación a esta categoría de patria, señalan: la primera etapa de la Independencia define un nuevo concepto de Patria. La palabra de ninguna manera era nueva; la fórmula de obediencia a «Religión, Rey y Patria» está presente en el contexto del régimen del reino español y expresa la relación de la corona y el Rey con sus súbditos. El concepto de Patria se había asociado por lo tanto con el de «Padre Rey». A partir del movimiento de independencia, éste se articulaba con el concepto de «ciudadanía» y «ciudadano» y servía de signo distintivo y delimitador entre «americanos» y «españoles». Bolívar es el” padre de la patria” y «americanos» son para Bolívar todos aquellos nacidos en América, mientras los inmigrantes españoles de primera generación o funcionarios coloniales españoles, sólo podrían adquirir esta característica mediante un juramento de lealtad a la Patria, lo que les convertía en ciudadanos de la nueva nación. 

[3]. Término utilizado por José Manuel Briceño Guerrero en sus distintas obras sobre América Latina, para caracterizar a la élite criolla, en el análisis del Discurso Mantuano.

[4]. Véase Inclusión y Calidad Educativa.  La escuela reproduce la cultura de una clase social determinada. Sociología de la educación de Bourdieu. [en línea]. Fecha consultada: 19 de enero de 2021. Disponible en: https://inclusioncalidadeducativa.wordpress.com/2015/10/05/la-escuela-reproduce-la-cultura-de-una-clase-social-determinada-sociologia-de-la-educacion-de-bourdieu/

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